Cuando el Placer se Convierte en Delito

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AVISO: La información que presentamos a continuación es de contenido delicado y no apta para menores de edad ni para personas moralmente vulnerables a este tema.

PRÓLOGO
Existen diferentes tipos de conductas sexuales condenadas, prohibidas o delictivas en nuestra sociedad, pero algunos encuentran su raíz en los estímulos ocasionados por la pornografía y sus múltiples manifestaciones. Muchos piensan que nuestra sociedad está fuertemente erotizada y que la pornografía o porno hace estragos psicológicos y sociales de consideración, por lo que se justifica su intervención, pensando particularmente en el daño que podría causar a los niños y en alguna medida o sentido también a los adultos, en especial aquellos con comportamientos patológicos.

Lo cierto es que, como sucede con la mayoría de los temas polémicos, en el asunto de la pornografía no todo es blanco ni todo negro. ¿Plaga o forma de expresión? ¿Crimen o diversión? ¿Placer o delito? El dilema es profundo; por ello vale la pena revisar algunos de los mensajes que transmite directa e indirectamente la pornografía a través de los diferentes subgéneros.

Como se lee, de manera innata el tema debe manejarse con pinzas, es sensible, vulnerable, prejuicioso, morboso y moral. A la pornografía se le conecta con el sentir masculino; sí, prácticamente se le establece un género; y la mujer, casi siempre relegada en los gozos sexuales, no suele formar parte, del aporte erótico, sensual y sexual de la pornografía.

Desde esta óptica es posible entender por qué la concepción pornográfica nace en función de las necesidades de los varones y por qué las mujeres se sienten excluidas violentadas o utilizadas ante su producción, lo que no quita que algunas de ellas también logren excitarse en muchas oportunidades. Mientras que para los consumidores la pornografía es un sustituto audiovisual de la prostitución, pero más higiénico, más económico, e incluso puede que más práctico.

Los límites dentro de la pornografía son sutiles e inciertos, tanto que la polémica aparece muy a menudo con la participación de: moralistas, médicos, literatos, artistas, educadores, juristas, legisladores, autoridades civiles y religiosas, padres de familia y, en general, de todos porque al fin y al cabo se trata de una cuestión humana y de un asunto de interés social. Hay que aceptar, pues, lo que ya es común, que la pornografía es obscena y que obscenidad es indecencia sexual. Indecente, a su vez, es lo que la mayoría de la gente no acepta de acuerdo a las normas de comportamiento establecidos en un determinado tiempo y lugar. Por ello algunos afirman que la moral es cuestión de geografía.

La pornografía es obscena porque atenta contra el pudor, según el nivel de pudor imperante; y en la medida que este atentado cause daño a la sociedad, de acuerdo a determinada concepción moral, se considera sucia entonces deber ser vetada y castigados sus difusores. Se asume que importa el ámbito de la moral social y de jurisprudencia; pero el interés se dirige ahora al hecho pornográfico en función de lo patológico.

Sin embargo, la pornografía ha evolucionado. La pornografía es totalmente subjetiva a los valores de la sociedad y por lo tanto es natural que evolucione su categorización. Lo que se considera hoy pornografía puede que en un futuro no lo sea. Hasta hace poco, era producida por y para el consumo de los hombres, hoy día, sin embargo, la liberalización sexual de la mujer ha causado que éstas también se interesen producir y comprar material erótico, obsceno o pornográfico y, por lo tanto, temas de índole románticos sexuales han proliferados en el mercado femenino.

Los cambios que se han producido explícitamente en la pornografía, aparentemente son legítimos por los cambios importantes que se han dado respecto a la sexualidad. Entonces, nuestra situación, comparada con los Estados Unidos, es muy similar y con las mismas consecuencias, porque la pornografía es la pornografía, y los instintos humanos de los puertorriqueños y los norteamericanos no son muy diferentes a la hora del sexo.

Si nos centramos en el ámbito sexual, llaman la atención las dificultades que pueden llegar a experimentar muchas personas para permitirse el placer, aumentando la posibilidad de cruzar la línea de lo prohibido, o ilegal, y es ahí cuando el placer se convierte en delito. En el fondo de este tipo de relaciones prohibidas y delictivas sólo se trata de deseo sexual y de ganas de romper con las reglas preestablecidas, porque esto les produce una sensación del control en sí mismo y una emoción que no se encuentran en las relaciones comunes, es un sentimiento de atracción, poder y control hacia otra persona para satisfacción propia.

El estudio de la pornografía es un tema muy controversial ya que existe gran cantidad de personas que defienden su existencia y otras que la combaten, por tanto, nos hemos interesado en este tema para exponer el punto de vista de personas que han estudiado acerca del tema, así como nuestro propio punto de vista. Y de esta manera definir con la ayuda de todos cuanto nos afecta o beneficia la pornografía a nivel social y personal; y sobre todo cual son los límites entre el placer y el delito.

Los argumentos contra la pornografía son muy nuevos, debido a que antes no había estudios científicos sobre los efectos adversos. Sin embargo, por desconocimiento o no, la mayoría de la crítica de la pornografía se realiza en base de argumentos morales, no científicos, realizados en su mayoría por movimientos religiosos o moralistas.

Hoy, al estar disponibles esos diferentes estudios sobre los efectos adversos de la pornografía que se han realizado recientemente, debe ser la razón, para que los puertorriqueños comiencen a discutir esta temática y tomar conciencia sobre si se debe hacer algo ahora, basados en prueba científica. Por lo tanto, debe ser un debate muy importante, mucho más que en los Estados Unidos, debido a que las leyes que regulan la pornografía tienen su cimiento en las Leyes Federales y Constitucionales. Pero primero, los puertorriqueños necesitan estar educados sobre el tema de la pornografía y sus diferentes formas de expresión.

Algunos estudios han indicado que la exposición prolongada al material pornográfico puede causar una actitud desensibilizada hacia el abuso sexual de mujeres. Esto evoca la preocupación considerable, especialmente con respecto al efecto sobre individuos con la predisposición por comportamiento antisocial o criminal. Considerable, especialmente con respecto al efecto sobre individuos con desviaciones, perversiones o parafilia.

Cuando la pornografía llega a personas que ya padecen algún tipo de parafilia, o perversión, sus efectos se potencian y pueden sentirse inducidos a actuar lo que están viendo, escuchando o leyendo. Es posible que, en otras circunstancias, a pesar de la predisposición, la enfermedad no se desarrolle, pero ante el estímulo de la pornografía sí se desarrolla.

La pornografía no sólo plantea problemas sociológicos, psicológicos o jurídicos, también suscita problemas conceptuales, epistemológicos o morales. Pero nunca han sido abordados públicamente. Así que correremos el riesgo de esta aventura, pero antes debemos definir el término “pornografía”.

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