La vida de un “Bichote” (Narco)

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La vida de un “Bichote” (Narco)

El narcotráfico es el comercio ilegal de drogas tóxicas en grandes cantidades. El proceso (que comienza con el cultivo de las sustancias, sigue con la producción y finaliza con la distribución y la venta) suele ser realizado por diversas organizaciones ilícitas (denominadas carteles) que se especializan en distintas partes de la cadena. Los grupos más grandes dedicados al narcotráfico suelen tener presencia internacional y ostentan un poder similar al de un gobierno. Sus integrantes cuentan con peligrosos armamentos y sus líderes manejan inmensas sumas de dinero. Por lo que narcotráfico ha venido a ocupar un lugar importante en los temas de seguridad, política y economía.

A la persona que se dedica al comercio ilícito de drogas tóxicas en grandes cantidades se le conoce como narcotraficante. Los narcotraficantes o narcos forman parte de la vida nacional de cualquier país, por lo menos, desde hace 60 años. Son actores sociales presentes en todo el mundo, pero han adquirido mayor relevancia a partir del endurecimiento de la estrategia prohibicionista y punitiva en contra de las drogas que promueve la ONU desde los años 90.

Sin embargo como parte de la jerga individual callejera en nuestro país al narco se le conoce como “bichote”. Esta palabra proviene tanto de la forma puertorriqueña de decir pene (bicho) grande, y de la frase en Inglés “Big Shot”, o sea, se refiere a la persona que se encarga de manejar y administrar el punto de droga.

La presencia de los bichotes en la vida de todos los países, aunque de diversa manera, se hace sentir y también ver a través de distintas formas de expresión. Como le es el lenguaje de las palabras; el de las imágenes y el de una estética que les es propia. Los tres lenguajes constituyen un discurso integral que inicialmente parte de los propios narcos, pero que después adquiere un nuevo carácter y significado al pasar a los medios y por éstos al imaginario que la gente se construye sobre los narcos y su estilo de vida.

El narcotráfico también ha entrado a formar parte de una peculiar cultura, y es de ahí de donde surge la palabra “narcocultura” utilizada para hacer referencia al estilo de vida y al comportamiento de los hombres y mujeres que están inmiscuidos en el narcotráfico. La nueva cultura se extiende inclusive a personas que no participan en estas actividades, pero que se comportan, visten y en general tienden a imitar ese estilo de vida. Las personas inmiscuidas en la narco-cultura muestran una actitud de prepotencia, de sentirse dueños de todo lo que les rodea (incluso de las personas) y que, de manera peligrosa para la convivencia social, es manifestada por un grupo amplio y creciente de personas en algunos países.

Los narcotraficantes son modelos a seguir y han creado una moda que va más allá des sus actos criminales que cuentan sus supuestas hazañas. Esta moda incluye la ostentación de alhajas (como mujeres portando uñas decoradas con cristales Swarovski), el portar varios radios y teléfonos a la vez, un corte de cabello distintivo (hombres con estilo militar y mujeres largo y lacio). La “retribución” a sus comunidades de origen consiste en aportar dinero para construir templos religiosos o donaciones para causas que demuestren su “generosidad”. Aquí no hay miedo al parecer contra el narcotraficante.

Por el contrario, hay otros que buscan al parecer y, así, ilusoriamente evadir la realidad de pobreza, o creando un falso “respeto” al convertirse en un “pesado”, es decir, un personaje que provoca rechazo pero a la vez infunde miedo, temor fundado. Situación que, en un ambiente de corrupción judicial, crea en el ciudadano normal una sensación de malestar permanente, de impotencia ante la brutalidad que imponen los criminales.

Pero, alguna vez se ha preguntado de dónde han salido tanto narcotraficante. La respuesta la encontrará en las características del mercado laboral mundial y por supuesto, en las mismas preferencias de los individuos. Los trabajos que se ofrecen a las personas que tienen mayor propensión criminal son empleos mal pagados, inexistentes o de baja responsabilidad. Dichas oportunidades son desagradables para los candidatos.

Los Narcos o bichotes del narcotráfico no quieren ser empleados, quieren ser hombres de negocios y de hecho, poseen las características de las personas que triunfan en el autoempleo. Son ambiciosos, toman riesgos y disfrutan de la autonomía. Su personalidad sin embargo, es un arma de dos filos. Su impaciencia y su gusto por el poder les impiden desarrollar metas de más largo plazo como la educación formal.

Lo cierto es que además de variables económicas, las preferencias individuales juegan un papel importante en la decisión de ingresar al crimen. Al narcotraficante le gusta su trabajo y le gusta más que cualquier otro trabajo que pudiera tener en la industria legal.

Basta echar un vistazo al mercado laboral que el narcotraficante pudiera acceder para comprender un poco dicha aseveración. Los narcos son hombres jóvenes, con pocas educaciones formales y provenientes de esferas económicas no muy privilegiadas. Con una edad promedio de 18 años y habiendo dejado la escuela cuando estaban en secundaria (Farilie 2002), el vendedor de droga prototípico tiene aspiraciones económicas altas que la legalidad no puede satisfacer.

Incursionar en la ilegalidad sería menos atractivo si los narcotraficantes potenciales permanecieran en la escuela el tiempo suficiente como para adquirir las calificaciones necesarias para obtener un mejor empleo legal. Sin embargo, y además de las obvias variables económicas, ir a escuela requiere de una simple característica que el narcotraficante carece: paciencia.

Los criminales son impacientes. Educarse por años antes de obtener un título que puede, o no, representar una mejor calidad de vida les parece demasiado lejano y/o ajeno. Aún más, estudios recientes de criminología han demostrado que al narcotraficante le disgusta sobremanera ser empleado (Farilie 2002). El 75% de los criminales convictos expresan un alto interés por la creación de su propio negocio y un fuerte desdén por el empleo pagado (Balkin 1993). Interesantemente, otra profesión común para personas que otorgan un alto valor a la autonomía profesional, y que poseen pocas calificaciones formales, es la prostitución (Venkatesh, 2008).

Esto no quiere decir que no exista alguna manera de reducir el atractivo del crimen como profesión, pero sí quiere decir que el problema es mucho más complejo de lo que se ha pensado. No es necesario sólo generar empleos o sólo aumentar la educación, la solución debe incluir la generación de empleos de calidad y el fortalecimiento de la micro empresa.

El narcotráfico es un negocio atractivo por las millonarias cantidades de dinero que maneja. Es un anzuelo que atrapa a jóvenes que eligen el camino “fácil” para conseguir dinero, sin importar las consecuencias que esto implique. Es una alternativa a una vida de esfuerzo o en otros casos de condena a la pobreza.

La labor del gobierno, más allá de una guerra frontal y abierta contra el narcotráfico por medio de la fuerza de las armas, debería enfocarse en el aspecto humano de la sociedad. Es decir, mejorar la educación teniendo como propósito el ir más allá de sólo crear profesionistas, para fundamentalmente formar mejores personas. Sin embargo, todo el trabajo del gobierno no valdría sin el apoyo de la sociedad, que es donde reside la mayor responsabilidad. Como sociedad debemos tener claro que es un error convertir a los “narcos” en ídolos o aceptar su supuesta benevolencia. El dinero de los “narcos” es obtenido mediante una actividad criminal que causa la degradación física y moral e incluso la muerte de miles de personas. Esta es una guerra que no se puede combatir y esperar ganar con el simple uso de las armas. Si se le quiere ganar al narcotráfico, la verdadera guerra está en el pensamiento y las aspiraciones de los ciudadanos.

Referencias

Viridiana Rios. ¿Quién se vuelve narco y por qué? El Perfil del narcotraficante Mexicano. Este País Tendencias y Opiniones. Consultado el 18 de Julio de 2012 en http://www.gov.harvard.edu/files/uploads/Rios_EstePais_DealersS.pdf
Balkin, Steven. “A Survey of Entrepreneurial Training Programs for Prison Inmates.” Manuscrito. Chicago: Prison Small Business Project of Roosevelt University, 1993.
Fairlie, Robert W. “Drug Dealing and Legitimate Self-Employment” en Journal of Labor Economics, 2002, vol. 20, no. 3]
Venkatesh, Sudhir “Skinflint. Did Eliot Spitzer get caught because he didn’t spend enough on prostitutes?” en Slate. Marzo 12, 2008.

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