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Publicación del libro: Cuando el Placer se Convierte en Delito

 Cuando el Placer se Convierte en Delito – Ricardo Badillo Grajales

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Existen diferentes tipos de conductas sexuales condenadas, prohibidas o delictivas en nuestra sociedad, pero algunos encuentran su raíz en los estímulos ocasionados por la pornografía y sus múltiples manifestaciones. Muchos piensan que nuestra sociedad está fuertemente erotizada y que la pornografía o porno hace estragos psicológicos y sociales de consideración, por lo que se justifica su intervención, pensando particularmente en el daño que podría causar a los niños y en alguna medida o sentido también a los adultos, en especial aquellos con comportamientos patológicos.

Lo cierto es que, como sucede con la mayoría de los temas polémicos, en el asunto de la pornografía no todo es blanco ni todo negro. ¿Plaga o forma de expresión? ¿Crimen o diversión? ¿Placer o delito? El dilema es profundo; por ello vale la pena revisar algunos de los mensajes que transmite directa e indirectamente la pornografía a través de los diferentes subgéneros.

Como se lee, de manera innata el tema debe manejarse con pinzas, es sensible, vulnerable, prejuicioso, morboso y moral.  A la pornografía se le conecta con el sentir masculino; sí, prácticamente se le establece un género; y la mujer, casi siempre relegada en los gozos sexuales, no suele formar parte, del aporte erótico, sensual y sexual de la pornografía.  

Desde esta óptica es posible entender por qué la concepción pornográfica nace en función de las necesidades de los varones y por qué las mujeres se sienten excluidas violentadas o utilizadas ante su producción, lo que no quita que algunas de ellas también logren excitarse en muchas oportunidades. Mientras que para los consumidores la pornografía es un sustituto audiovisual de la prostitución, pero más higiénico, más económico, e incluso puede que más práctico.

Los límites dentro de la pornografía son sutiles e inciertos, tanto que la polémica aparece muy a menudo con la participación de: moralistas, médicos, literatos, artistas, educadores, juristas, legisladores, autoridades civiles y religiosas, padres de familia y, en general, de todos porque al fin y al cabo se trata de una cuestión humana y de un asunto de interés social. Hay que aceptar, pues, lo que ya es común, que la pornografía es obscena y que obscenidad es indecencia sexual. Indecente, a su vez, es lo que la mayoría de la gente no acepta de acuerdo a las normas de comportamiento establecidos en un determinado tiempo y lugar. Por ello algunos afirman que la moral es cuestión de geografía.   

La pornografía es obscena porque atenta contra el pudor, según el nivel de pudor imperante; y en la medida que este atentado cause daño a la sociedad, de acuerdo a determinada concepción moral, se considera sucia entonces deber ser vetada y castigados sus difusores. Se asume que importa el ámbito de la moral social y de jurisprudencia; pero el interés se dirige ahora al hecho pornográfico en función de lo patológico. 

Sin embargo, la pornografía ha evolucionado. La pornografía es totalmente subjetiva a los valores de la sociedad y por lo tanto es natural que evolucione su categorización. Lo que se considera hoy pornografía puede que en un futuro no lo sea. Hasta hace poco, era producida por y para el consumo de los hombres, hoy día, sin embargo, la liberalización sexual de la mujer ha causado que éstas también se interesen producir y comprar material erótico, obsceno o pornográfico y, por lo tanto, temas de índole románticos sexuales han proliferados en el mercado femenino.  

Los cambios que se han producido explícitamente en la pornografía, aparentemente son legítimos por los cambios importantes que se han dado respecto a la sexualidad. Entonces, nuestra situación, comparada con los Estados Unidos, es muy similar y con las mismas consecuencias, porque la pornografía es la pornografía, y los instintos humanos de los puertorriqueños y los norteamericanos no son muy diferentes a la hora del sexo.

Si nos centramos en el ámbito sexual, llaman la atención las dificultades que pueden llegar a experimentar muchas personas para permitirse el placer, aumentando la posibilidad de cruzar la línea de lo prohibido, o ilegal, y es ahí cuando el placer se convierte en delito. En el fondo de este tipo de relaciones prohibidas y delictivas sólo se trata de deseo sexual y de ganas de romper con las reglas preestablecidas, porque esto les produce una sensación del control en sí mismo y una emoción que no se encuentran en las relaciones comunes, es un sentimiento de atracción, poder y control hacia otra persona para satisfacción propia.  

El estudio de la pornografía es un tema muy controversial ya que existe gran cantidad de personas que defienden su existencia y otras que la combaten, por tanto, nos hemos interesado en este tema para exponer el punto de vista de personas que han estudiado acerca del tema, así como nuestro propio punto de vista. Y de esta manera definir con la ayuda de todos cuanto nos afecta o beneficia la pornografía a nivel social y personal; y sobre todo cual son los límites entre el placer y el delito.  

Los argumentos contra la pornografía son muy nuevos, debido a que antes no había estudios científicos sobre los efectos adversos. Sin embargo, por desconocimiento o no, la mayoría de la crítica de la pornografía se realiza en base de argumentos morales, no científicos, realizados en su mayoría por movimientos religiosos o moralistas.  

Hoy, al estar disponibles esos diferentes estudios sobre los efectos adversos de la pornografía que se han realizado recientemente, debe ser la razón, para que los puertorriqueños comiencen a discutir esta temática y tomar conciencia sobre si se debe hacer algo ahora, basados en prueba científica.  Por lo tanto, debe ser un debate muy importante, mucho más que en los Estados Unidos, debido a que las leyes que regulan la pornografía tienen su cimiento en las Leyes Federales y Constitucionales. Pero primero, los puertorriqueños necesitan estar educados sobre el tema de la pornografía y sus diferentes formas de expresión. 

Algunos estudios han indicado que la exposición prolongada al material pornográfico puede causar una actitud desensibilizada hacia el abuso sexual de mujeres. Esto evoca la preocupación considerable, especialmente con respecto al efecto sobre individuos con la predisposición por comportamiento antisocial o criminal. Considerable, especialmente con respecto al efecto sobre individuos con desviaciones, perversiones o parafilia. 

Cuando la pornografía llega a personas que ya padecen algún tipo de parafilia, o perversión, sus efectos se potencian y pueden sentirse inducidos a actuar lo que están viendo, escuchando o leyendo. Es posible que, en otras circunstancias, a pesar de la predisposición, la enfermedad no se desarrolle, pero ante el estímulo de la pornografía sí se desarrolla.

La pornografía no sólo plantea problemas sociológicos, psicológicos o jurídicos, también suscita problemas conceptuales, epistemológicos o morales. Pero nunca han sido abordados públicamente. Así que correremos el riesgo de esta aventura, pero antes debemos definir el término “pornografía”.

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Publicación del libro: Cuando el Placer se Convierte en Delito

 Cuando el Placer se Convierte en Delito – Ricardo Badillo Grajales

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Pornografía Lolicon (pornografia Infantil)

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En 1989, en Japon las autoridades realizaron un llamado para regular la venta y distribución de las historietas mangas, al descubrir que Tsutomu Miyazaki, un asesino en serie reponsable de crear un pánico moral, era fan del lolicon. Miyazaki rapto y asesinó a cuatro niñas de edades comprehendidas entre los 4 y los 7 años entre 1988 y 1989, cometiendo también actos de necrofilia con sus cuerpos. Se descubrió que se trataba de un “compulsivo y obsesivo” otaku (fan del manga) especialmente del lolicon. El Tribunal Supremo de Tokio declaró a Miyazaki sano, estableciendo que “los asesinatos fueron premeditados y originados por las fantasías sexuales de Miyazaki, siendo ejecutado por ahorcamiento a causa de estos crímenes el 17 de junio de 2008.

Lolicon tiene sus raíces en estilo manga kawaii que se traduce en mono. Por lo general, esto se refiere a la joven estudiante, un estereotipo costumbre común de las niñas en la animación y el manga japonés. El hentai estilo que se traduce en pervertir el acto sexual es cierto en estos estilos de manga. En Japón, existe una distinción específica entre los dos, pero en el punto de vista occidental, parecen indicar lo mismo. Esta es la razón por la que muchos países occidentales han prohibido arte lolicon como una forma de pornografía infantil por cualquier data show científica que lleva a la pedofilia. Mientras que muchos fans de este estilo sugieren lo contrario, la prueba en Japón muestra algo totalmente opuesto.

En las ilustraciones lolicon suelen mostrar características infantiles con posibles dobles significados, aunque el término se utiliza para la atracción sexual hacia las niñas menores de edad. Se emplea para referirse al animé, manga y otras formas de arte visual que contienen representaciones sexuales o eróticas de niñas preadolescentes, y también se refiere a las personas mayores de edad que se sienten sexualmente atraídas hacia ellas. Al no tratarse de niños reales, estas imágenes no se suelen considerarse como pornografía infantil, aunque son obscenas.

Lolicon también puede referirse a la gente que se siente atraída sexualmente hacia las niñas reales o imaginarias, y es sinónimo de pedófilo. Según los defensores de Lolicon, la palabra no es de ningún modo sinónimo de pedófilo ya que alegan una clara diferencia entre el anime de dibujado ficticio y niños reales. Sin embargo, sus opositores generalmente opinan lo contrario.

Lolicon, también latinizado como lolikon o rorikon, es una contracción japonesa de la frase Lolita complex (complejo de Lolita). En Japón, el término describe una preferencia sexual por jovencitas prepubertas, o a un individuo con tal atracción. También es comúnmente usado al referirse al manga lolicon o al anime lolicon, un género del manga y del anime en donde personajes femeninos de apariencia infantil son frecuentemente representadas de manera erótica, en un estilo artístico reminiscente del estilo manga shōjo. Fuera de Japón, lolicon tiene un uso menos común y usualmente se refiere al género.

La frase es una referencia al libro “Lolita “de Vladimir Nabokov, en donde un hombre de mediana edad se obsesiona sexualmente con una niña de 12 años. En la novela, Lolita es presentada a través de los ojos de un pedófilo, Humbert Humbert, quien, debido a su propia desviación sexual, describe a Lolita como una niña sexualmente precoz suponiendo en ella la misma desviación sexual que él padece.

Fue usado por primera vez en Japón, en los años 70’ del pasado siglo y rápidamente fue usado para describir eróticos retratos dōjinshi (cómic amateur) de niñas. En los años 80’, el manga lolicon se hizo ampliamente disponible en un número de revistas de antología de manga pornográficas. Este sentido se popularizó en la década de los ’90 a partir de Lolita, remake de la película Lolita de 1962 de Stanley Kubrick y por extensión es utilizado para referirse a cualquier niña prematuramente seductora y atractiva.

El término lolita se refiere a una niña o adolescente que no ha alcanzado la edad de consentimiento sexual y resulta muy atractiva sexualmente a los hombres mayores. Puede ser una niña entre 9 y 14 años de edad, prepúber o ya púber que ya es deseada por hombres adultos y que puede comportarse seductoramente con ellos. Es utilizado en el ambiente de la pornografía para referirse a la pornografía infantil. Sea cual sea la edad se trata de una preadolescente que aparece como objeto de deseo.

Actualmente en Japón existen ciertas restricciones con el Lolicon tales como la censura de los genitales, por lo cual es más común que el material base su contenido en doble sentido haciendo alusiones al acto sexual, que la representación del coito en sí. El artículo 175 del código penal japonés prohíbe la publicación de material “moralmente perjudicial”, que tal como se interpreta actualmente incluye la exposición de genitales, así que es frecuente ver una barra cubriendo los genitales, o bien los genitales borrosos. Antes de 1994, la interpretación de esta ley incluía la prohibición de exponer vello púbico, una norma que se eludía dibujando personajes sin vello púbico.

Sin embargo, esto ha causado otro problema cuando los vídeos hentai se distribuían a lugares como Europa y Estados Unidos. Como los personajes del anime parecen más jóvenes que los personajes de la misma edad de los dibujos animados occidentales, eso dio a algunos la impresión de que los vídeos contenían pornografía infantil. Es interesante saber que los personajes femeninos de los dibujos animados, según el japonés medio, aparentan tener unos 5 o 10 años más.

Un dato menos conocido es que la censura japonesa es muy estricta en cuanto a los dibujos sobre actividad sexual entre humanos y animales. Aunque se permite que circulen con relativa libertad actos con monstruos imaginarios (que suelen tener los conocidos tentáculos fálicos con el fin de evitar la ley relativa a los genitales de verdad), se ha considerado el sexo zoofílico con animales existentes como algo que debe ser perseguido.

Leyes han sido promulgadas en varios países, las cuales regulan contenido explícito que presenta niños o personajes aniñados. Los críticos dicen que el género lolicon contribuye a actual abuso sexual infantil, mientras que otros dicen que no hay evidencia para esta afirmación. Estudios sobre los fans del lolicon afirman que los fans del lolicon son atraídos por una estética de ternura en lugar de la edad de los personajes, y que coleccionar lolicon representa una desconexión de la sociedad.

Shotacon es el equivalente masculino de Lolicon, con hombres jóvenes como los niños personajes. Shotacon, el shōta o shōta-con es el género de manga que se centra en las relaciones homosexuales entre un hombre y un niño o entre dos niños; aunque también se le considera entre una mujer adulta y un niño. Prácticamente puede ser cualquier acto en donde esté presente un niño. El nombre proviene de “Shōtarō complex” ya que Shōtarō es un nombre relativamente frecuente entre los niños nipones.

Sus defensores alegan que el Shota es siempre puramente ficticio, con lo que no se violan los derechos humanos ni por supuesto se utiliza a menores para ningún fin. Este tipo de manga está dibujado en su gran parte por mujeres, y asimismo está dirigido principalmente a un público femenino.

Mientras que el yuri es un género del manga y el anime que muestra relaciones lesbianas tanto explícitas como no explícitas entre mujeres. Si no hay sexo explícito, y el tema se centra más en la relación romántica, se conoce como shōjo-ai (amor entre chicas) y es un subgénero del shōjo-manga (cómic dirigido a chicas adolescentes), aunque aparece con mucha menos frecuencia que el shōnen-ai. El término shōjo-ai fue creado fuera de Japón, por lo tanto no es usado dentro de ese país, donde lo llaman yuri. Al igual que con el yaoi, es más o menos frecuente encontrar yuri en los dôjinshi. Existen algunas revistas dedicadas a este género como el Yuri Shimai entre otros.

La historia de ambos términos es algo que no está muy claro, y mientras la gente los usa como si tuvieran una clara distinción, o como si fueran intercambiables, la verdad es que ambos son de alguna manera fluidos que forman una pizarra de definición y entendimiento. En otras palabras, lo que cada término define tiene mucho que ver en quién lo esté usando y lo que cree que significa.

En 1971, Ito Bongaku, el editor de Barakozu, una revista gay japonesa, llamó a las lesbianas en Japón yurizoku, la “tribu del lirio”. Además, ya que “bara” es la palabra “rosa” en japonés y “yuri” es la palabra “lirio”, los hombres homosexuales fueron denominados con el apelativo de barazoku, o “la tribu de la rosa”.

Muchos artistas del manga hentai y doujinshi, han llamado a sus personajes Yuri o Yuriko, por lo que el nombre se volvió un tipo de cliché para ese género. De esta forma, los primeros pares en el hentai doujinshi fueron Kei y Yuri de Dirty Pair. En el Yuricon se cree que ese término que era reclamado por los artistas del hentai es cosa del pasado.

En Occidente, el término yuri es usado, pero no de forma exclusiva, para representar relaciones sexuales entre dos mujeres. Shoujo ai (amor, chicas) es un término bastante nuevo, ya que fue creado por una analogía para el de shounen ai (hombres, amor) por un fan estadounidense. Realmente no es muy usado en Japón, a pesar de que se sabe a qué se refiere. El shoujo ai usualmente se refiere al romance entre chicas, algunas veces con sexo, otras veces sin él. El énfasis tiende a ser más a lo romántico que a lo sexual, pero esto es un invento estadounidense y no tiene significado alguno en Japón. El yuri puede ser usado para describir cualquier anime o manga (u otra cosa, por ejemplo, fan fiction, película, etc.) que demuestre una intensa conexión emocional de amor o deseo físico entre mujeres.

Yuri no es un término dirigido a un género o audiencia específicos, pero sí a la “percepción” de la audiencia. Si queremos, podemos diferenciar entre shounen yuri, escrito por hombres para una audiencia mayoritariamente masculina, shoujo yuri escrita por mujeres para una audiencia mayoritariamente femenina, y lo que en el Yuricon se piensa que es el yuri puro; el escrito por lesbianas para una audiencia lésbica. En resumen, yuri es cualquier historia con mujeres enamoradas de (o atraídas lujuriosamente por) otras mujeres.

La pornografía es hentai ilustraciones o animación con jóvenes mujeres como los niños personajes. La palabra Hentai en japonés, quiere decir “pervertido/perversión” o “transformación”. No tiene el significado que se le ha dado en Occidente, y no se refiere a contenidos y conductas sexuales “normales”, sino que se utilizan en su lugar términos como 18-kin (literalmente “18-prohibido”, con el significado de “prohibido a los que aún no tienen 18 años”) y seijin manga (“manga adulto”). La cantidad de dibujos ilustrando actividad sexual en el manga o el anime hentai puede variar enormemente. También varía el tipo de actividad sexual y los personajes implicados, que se someten a muy pocas restricciones al tratarse de personajes de ficción.

El significado común que tiene en Occidente proviene del uso japonés de (etchi, escrito frecuentemente ecchi, aproximación japonesa de la pronunciación inglesa de la letra H), que se cree que es una forma abreviada de hentai que se utilizaba como eufemismo en los años 1960, aunque sus orígenes no están del todo claros, ni siquiera en Japón. La “H” en Japón se utiliza para referirse a cualquier contenido o actividad sexual, así que “H manga” es manga con contenido sexual, pero sin embargo “H” y “hentai” no son sinónimos, y no se puede cambiar uno por otro.